Son las nueve y veinte de la mañana. A estas horas ya llevo despierto un buen rato. Hoy con el café y mi tostada han caído las Basement Tapes. Ustedes todavía no lo saben, pero The Band es una de mis bandas, verbigracia, predilectas. Y no digo que me gusten. Digo que es mi banda. Con ellos llego a ese grado de obsesión que te pica debajo del brazo. Me encanta cuando algo me hace sentir así. Creo que puedo escucharlo todo de ellos. No pasaría ni una sola canción de toda su discografía, ni sus descartes, ni sus outtakes, ni absolutamente nada.
La culpa es de los cinco maravillosos músicos que se agolpan en los surcos de sus obras, porque Garth, Richard, Robbie, Levon y Rick son sublimes. Y aunque ya me pondré el cuchillo entre los dientes un día para meterme en profundidad con ellos, hoy solo quería apuntar un breve resplandor mañanero que he tenido. "Ain't no more cane" es el tercer tema que abre el segundo CD. Es una canción tradicional de tema carcelario que ya grabó en su época Leadbelly. En las Tapes la canta el bueno de Rick, Ricky Danko, de una manera magistral. Con esos quejiditos suyos, propios de su estilo vocal. Parece que se rompe o se ahoga. Sabéis de qué hablo. Me pongo a recordar la maravillosa escena del Festival Express en el que cantan esa canción Rick, Janis Joplin y parte de The Greatful Dead. Con un mamazo del quince, como se dice por mi tierra, por parte del ilustre bajista y de la Joplin. Pero el tío lo hace. Parece que se cae, que no llega, que no recuerda los acordes, pero el tío lo hace.
Recuerdo cuando vi por primera vez a The Band. En mi inocente adolescencia me hice con el DVD del Festival de Woodstock, y allí de repente me aparecen esos tíos vestidos medio de hippies, ermitaños o predicadores vaqueros, y yo me quedo deslumbrado. También es cierto que tocaban "The Weight" y no hay nadie que no caiga rendido a sus pies en cuanto la escuche, pero total, que me fascinaron. Y el señor bajista, con bigote y sombrero, no dejaba de darle a sus cuatro cuerdas como un poseso. Además, siempre le he visto una cara de buena gente increíble. Sí, creo que siempre he querido ser colega de juerga de Rick Danko. Con el paso del tiempo descubrí The Last Waltz y me terminé de convertir. Para siempre en mi corazón el "Old time religión" que improvisa con Robbie y Richard Manuel. Al violín más mal que bien, pero siempre sonriendo, siempre empujando con su voz y ese elegante bigote de forajido. Por experiencias personales he aprendido que cuando en una banda no se sonríe es que algo falla.
Dios bendiga a Rick Danko.
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jueves, 11 de noviembre de 2010
El mejor bigote del mundo.
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jueves, 21 de octubre de 2010
Guadalupe Plata
Mañana voy a perderme un gran concierto por casusas ajenas a mi voluntad. Aunque ya he visto antes a los muchachos de Úbeda, no quería pasar la oportunidad de verlos en la Sala Malandar, Sevilla, mi ciudad de ascendencia y adopción. Porque Guadalupe Plata es uno de los mejores grupos que pisan actualmente la piel de toro. Aunque algún medio especializado los acoja con resquemor debido a su popularidad sin explicación, y al acercamiento que a ellos ha hecho la parroquia indie, cuestión a la que sigo sin encontrar por qué, la propuesta de los Plata y los logros que de ella han recogido son dignos de encomio. Porque han hecho contemporáneo un lenguaje, el blues, que para el público masivo no deja de ser algo viejo y caduco.
Está claro que estas revoluciones vienen dándose desde el principio del género: el blues de Chicago, el blues inglés de los años 60, Jimmi Hendrix, Rory Gallagher o Led Zeppelin ya hicieron lo mismo, es decir, reactivar para las nuevas generaciones un lenguaje antiguo y modernizarlo sin perder de vista las raíces, pero que esto lo hagan tres tipos de Úbeda, y cantando en castellano, debería hacer que los músicos españoles nos sintiéramos orgullosos de ellos. Mantengo la teoría de que si el blues hubiera nacido hoy día, Charlie Patton sonaría como los Plata. Así de sucio, así de oscuro, así de canalla. Comentan que son ruidosos en escena, pero joder, de eso se trata. Las guitarras de Perico, su cantante y guitarrista, parecen volar fuera de control, pero joder, de eso se trata. A veces la voz no se escucha bien, pero vamos a ver, ¿a quién cojones le importa?
El blues es algo sucio y bañado en whisky. No es una música para que te guste ni para que te haga sentir bien, el blues busca morderte las entrañas y que termines moviéndote o cantando a su ritmo. Y juro por Dios que los Plata lo hacen. Porque cuando atacan "Jesús está llorando" yo me muevo como un zombi. Porque cuando comienzan con el incesante riff de "Baby me vuelves loco" yo me vuelvo loco también.
Además los tipos tienen estilo, y unas letras originalísimas. Cerrando la cuestión, que mañana por la noche voy a acordarme de ellos y a desearles suerte.
Para la próxima estaré en primera fila, sudado, fumando y bebiendo whisky.
Guadalupe Plata no es un grupo para cursis.
martes, 19 de octubre de 2010
Yo le pedí un poco de agua, ella me dió gasolina
El bueno de Chester Arthur Burnett es casi sin lugar a dudas mi bluesman favorito. Se que es una estupidez hacer este tipo de afirmaciones estando el gusto sujeto a momentos, circunstancias o recuerdos, pero creo que siempre que alguien me pregunta por mi cantante de blues predilecto, respondo sin pestañear: Howlin' Wolf.Lo conocí gracias a Cactus, que versionaban su "Evil" de manera sudorosa y febril. Durante un tiempo lo tuve en el equipo de música en modo despertador y en cuanto esos dos monumentales golpes de timbal resonaban PUM !!!!! PUM !!!!! aquí el escriptor se levantaba a poner la cafetera. Pero en honor a la verdad, tardé un tiempo en saber que esa diabólica tonada empantanada en los aromas más pantanosos había sido escrita por, grande entre los grandes, Willie Dixon para el amigo Howlin.
Tras eso me sumí en las entrañas de la bestia. ¿Qué hacer cuando uno escucha temas como "Smokestack Lightning", "Evil", "Spoonful", "Back door man" o "Do the do" ? Howlin retuerce sus cuerdas vocales sangrantes en cada sílaba, mientras las línes de bajo de Willie Dixon lo arropan y Hubert Sumlin demuestra elegancia y desenfreno con su mágica guitarra. A estas alturas de la historia sigue siendo una música potente y contemporánea. Escuchar al lobo es vudú amigos míos. Pinchar "Smokestack Lightning" es una experiencia rítmica y vital. El hombre purifica sus miedos y demonios, ¿no trata precisamente de eso el blues? Tras escuchar a Howlin, Muddy me pareció una vieja vestida de gala, muy elegante eso sí.
Otro día iremos con él.
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